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Inicio / Educación / Publicación 03/03/2021
Educación

Inclusión universitaria: ¿Cuán avanzados estamos en Chile?


Fecha: 03/03/2021
Fuente: La Tercera
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Las normativas para regular la atención a la diversidad en la Educación Superior son relativamente recientes en el país y algunas instituciones se han encaminado en esa tarea. A través de diplomados, apoyo especial y programas educativos ajustados a personas con discapacidad, buscan que la inclusión sea una realidad.

Ilustración: Gabriel Ebensperger | La Tercera

José Luis Abusleme (43) no siguió estudiando. Tras egresar en 4º medio de un colegio para alumnos con necesidades educativas especiales en Santiago, rápidamente entró al mercado laboral. Él nació con una agenesia del cuerpo calloso del cerebro y, en sus propias palabras, el puente entre ambos hemisferios “está cortado”. “Ese puente tiene un hoyo, entonces tengo partes que están muy desarrolladas y otras que no lo están para nada”, define. Pero hace unos años tomó el Diploma de Habilidades Laborales, que imparte la Universidad Andrés Bello (UNAB) y, gracias a eso, ha podido trabajar en distintas empresas.

Previo a su actual trabajo, eso sí, pasó por experiencias incómodas y donde tuvo que enfrentarse a los prejuicios de la sociedad. “No se entiende lo que es una discapacidad. Se asume como si uno fuera tonto o que no vas a tener un desempeño laboral normal”, dice Abusleme. “La inclusión no se ve como tal”, se lamenta él, quien trabajó tres años en un supermercado. Asegura que ahí había quienes pensaban que utilizaba su discapacidad para inspirar lástima. “Por bullying y otros temas, empecé a abandonar esos puestos. Me decían que no servía: ‘Te están regalando la oportunidad’. Muchas veces, por no quedarme de brazos cruzados, actuaba por mi propia cuenta y me equivocaba. Creían que lo hacía para reírme de ellos y eso me provocó una depresión muy fuerte”, recuerda. Pero de ello -dice- saca lecciones, especialmente porque fue en esa etapa que un psicólogo le recomendó que había un diploma que podría servirle en su carrera.

Con su mención, Abusleme se desempeña desde 2017 como asistente del vicepresidente de Parque Arauco. Alguien le contó que buscaban a una persona, lo entrevistaron de Recursos Humanos de la empresa, estuvo tres meses a prueba y luego lo contrataron. Ahí, relata, se encarga de que los insumos de cada área estén disponibles: “Es el único trabajo en el que me he sentido valorado. Saben valorar mis labores y me dicen que están bastante contentos conmigo”.

El programa académico de tres años del diplomado consta con menciones en Apoyo a la Función Administrativa, Producción Gastronómica, Educación Parvularia o Deportiva, Veterinaria y Viveros y Jardines. Y es una de las formas de inclusión a la educación que realiza UNAB, que acoge a estudiantes con alguna discapacidad intelectual y que, por sus características, buscan cursar estudios adaptados a sus necesidades y que les den herramientas laborales. Anualmente, ingresan cerca de 70 estudiantes a las sedes de Viña del Mar, Santiago y Concepción, con profesores formados en educación diferencial y otras carreras vinculadas a la inclusión.

Con el Diploma de Habilidades Laborales, afirma Verónica Águila, directora del Centro Integral de Acompañamiento y Desarrollo al Estudiante (CIADE) y de Educación Inclusiva de la UNAB, quieren demostrar que existen caminos académicos distintos del pregrado tradicional. “Los alumnos asisten porque deciden hacer otra cosa, lo que tiene el mismo valor. No hay solo una forma en la educación superior. Hay universidades que están mucho más adelante, otras mucho más atrás y la accesibilidad universal es un derecho”, dice Águila.

Anualmente ingresan cerca de 70 estudiantes con alguna discapacidad intelectual a las sedes de de Viña del Mar, Santiago y Concepción de la Unab.

Isidora Peñaloza (22) cursa actualmente el mismo diploma de José Luis Abusleme, pero en la sede de Concepción de la UNAB. Durante la pandemia ha tenido que realizar sus clases en plataformas online y se ha acomodado al cambio. Según su mamá, las oportunidades para los jóvenes discapacitados, y más en regiones, son pocas. “Estas instancias son las que faltan. Oportunidades y que otras instituciones abran diplomas o programas laborales”, cuenta Carolina Garrido. “Hemos vivido la discriminación desde el inicio. Cuando uno tiene un hijo con discapacidad, no sabe cómo se viene la mano. Después entran al colegio y a uno le duele ver ciertas actitudes”, añade la madre de la joven, que tiene discapacidad intelectual leve.

Con el ingreso al diploma, Isidora cambió su relación con el entorno. “Me encantó desde el primer día y me llevo bien con mis compañeros. En este tiempo hemos conversado y hecho juntas virtuales. Me costó al principio, pero me fui tranquilizando y me pude adaptar”, cuenta ella.

“Cuando la fuimos a buscar el primer día, era una Isidora totalmente distinta a la que había entrado. Venía feliz. Y en estos últimos tres años no solo se ha desarrollado en lo académico. Ahora es otra mujer, ha florecido y aprendió a postular a trabajos y sabe cuáles son sus derechos”, cuenta su madre. De hecho, Isidora ya hizo una práctica en la Empresa de Servicios Sanitarios del Bío-Bío y ahora se dispone a realizar una segunda práctica.

Panorama nacional

Las normativas de inclusión universitaria son relativamente recientes en el país. En 2008 la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad fue suscrita por Chile y dos años después entró en vigencia la Ley 20.422, que establece Normas sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión de las Personas con Discapacidad. Fue la primera legislación nacional en regular la atención a la diversidad en la educación superior. En 2018, y a través de la Ley 21.091 de Educación Superior, se incorporó el principio de no discriminación arbitraria, para eliminar desventajas propias de las personas con discapacidad en su proceso de enseñanza y aprendizaje.

Lentamente, las universidades han ido integrando programas de inclusión y apoyo. La Universidad de Concepción, por ejemplo, tiene integrado el Programa Interdisciplinario por la Inclusión, que trabaja en distintas áreas. Por un lado, prestan asesoría a diversas facultades y departamentos de la institución, para sus adecuaciones informáticas y que permitan el acceso de sus alumnos a la información, como apoyo de lectura de textos para no videntes -a través de distintos exploradores web- y herramientas para quienes tengan déficit sensorial. También trabajan los espacios físicos, para garantizar la accesibilidad a quienes tengan discapacidades motrices.

La Universidad Austral de Chile realiza desde 2012, en su sede de Puerto Montt, el Programa de Inclusión en Educación Superior. Allí benefician a estudiantes en situación de discapacidad auditiva, visual o motora que estén en el registro nacional de discapacidad, con apoyo pedagógico, ayudantías académicas y tecnologías y equipos para facilitar su acceso a la información y educación. Además, el equipo realiza actividades de concientización a la comunidad, para que la barrera de la inclusión sea más fácil de eliminar.

La Universidad Católica, en tanto, además de ingresos especiales para los candidatos a estudiantes, cuenta con el Programa para la Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales. La iniciativa, orientada principalmente para aquellos quienes tengan discapacidad visual, auditiva o motora, cuenta con tutores de acompañamiento, de asignatura, tomador de apuntes e impresoras braile, entre otros. También incluyen adecuaciones para alumnos con trastornos del espectro autista.

La Universidad Católica además de ingresos especiales para los candidatos a estudiantes, cuenta con el Programa para la Inclusión de Alumnos con Necesidades Especiales.

La Universidad de Chile, en su Oficina de Equidad e Inclusión, tiene un área orientada a la discapacidad. Con la Unidad de Atención a Estudiantes en Situación de Discapacidad, entregan atención y acompañamiento a los estudiantes que lo soliciten, con redes y colaboradores de distintos organismos vinculados a las áreas de la discapacidad, sea motora, sensorial, psíquica o intelectual. El trabajo se distribuye en las distintas etapas de la formación académica, como ingreso, permanencia del estudiante y egreso.


Laura Bolaño
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