Primer juez con discapacidad visual: “No ha sido un impedimento para desempeñar mi labor”

Dice que usa un programa que transforma lo escrito a audio; para él, lo más complejo es el trabajo en garantía, cuando ha tenido que pedir ayuda a funcionarios para revisar videos.

Clemente Winn Vergara

Clemente Winn Vergara (32), hace casi dos años se transformó formalmente en el primer juez con discapacidad visual. Su ingreso fue posible gracias a la derogación, en 2016, de los numerales del Código Orgánico de Tribunales que impedían a personas ciegas, mudas o sordas ejercer el cargo de jueces y notarios. Hasta entonces, ningún magistrado había manifestado oficialmente esta discapacidad.

Winn, que ingresó el 12 de diciembre de 2018 al Poder Judicial, tiene una retinitis pigmentosa diagnosticada a los 12 años, que ha ido disminuyendo su visión, pudiendo distinguir rostros y objetos de manera difuminada. La pérdida de visión se desarrolló mientras cursaba la carrera de Derecho en la Universidad de Chile.

Se tituló de abogado y decidió postular a la Academia Judicial de Chile, donde fue uno de los 20 seleccionados, en 2017, de 517 postulantes. La Corporación Administrativa del Poder Judicial (CAPJ) realizó un proceso de adaptación y orientación de sus instalaciones, mejoramiento de espacios físicos e incorporación de tecnología, de manera de adaptarlo de la mejor manera al grupo.

En estos casi dos años, el magistrado ‘ha hecho de todo’, según comenta, acerca de su desempeño en Familia, Tribunal Oral en lo Penal y juzgados de garantía; actualmente, se desempeña como interino en el Juzgado de Cobranza Laboral y Previsional de Santiago. En lo único que no ha trabajado son los tribunales civiles.

En estos dos años ejerciendo como juez interino, para Winn ha sido vital la tecnología: usa una tablet y un programa gratuito que es un lector que transforma el texto en audio, que le va leyendo la pantalla.

El trabajo de juez oral es el que más le acomoda porque es colegiado, de tres, y puede hacerles consultas a sus pares durante los juicios. Lo más complejo: algunas audiencias de control de detención y formalización donde han tenido que revisar videos y ha solicitado la colaboración de funcionarios.

Y la única barrera: el trabajo de relator, que hasta ahora no lo ha hecho, porque tienen que leer mucho y los expedientes están en papel. ‘Los relatores con sus cinco sentidos tienen el tiempo justo, yo lo haría a un ritmo más lento, porque tendría que escanear todo’, dice.

—¿Por qué decidió ser juez?

—Cuando ya me titulé, mi discapacidad estaba más avanzada, andaba con bastón, y no conseguía trabajo. Lo había considerado antes y justo se dio la posibilidad que salió la ley que eliminaba la prohibición de personas con discapacidad para ser juez y lo intenté.

—¿Qué ha sido lo más complicado desde el punto de vista de discapacidad?

—Lo más complejo han sido las audiencias penales de controles de detención. El tema es la apreciación de la prueba, cuando, por ejemplo, hay videos de seguridad, son sin audio, por lo general, son imágenes de no muy buena calidad. Cuando se muestran en una pantalla que no tengo cerca para hacerle zoom, se complica la cosa.

—¿Cómo lo ha solucionado?

—Con la comprensión de todos los intervinientes. Cuando se presentan estos videos, yo invoco la ley de inclusión de personas con discapacidad, se solicita ayuda de un funcionario del tribunal que esté en sala y le hago preguntas: si la persona del rostro del video es parecido de la persona acusada, o cómo se suceden los actos. Esto pasa en garantía, a diferencia de un tribunal oral que es colegiado, somos tres los que resolvemos. Ahí puede pasar lo mismo pero las preguntas se las hago a los otros jueces; para ellos ha sido enriquecedor, les sirve para el análisis de las pruebas.

—¿Ha habido reclamos de algunos intervinientes?

—No, no ha existido ningún problema. Hubo un caso mediático en garantía que se barajó que otro magistrado tomara la causa y finalmente se decidió que lo hiciera yo. Se explicó la situación a los intervinientes y las partes renunciaron a cualquier tipo de recurso por mi discapacidad. No era una renuncia a todos sus derechos.

—¿Qué área para usted es menos compleja?

—Ahora que estoy en cobranza laboral, me gusta; es mucho trabajo en papel, no existe apuro. Es como el sistema de tramitación antiguo, simplemente tengo que ir leyendo y escribiendo. Ningún factor juega en mi discapacidad, es completamente irrelevante.

—¿Es complicado desempeñar la labor de un juez con esta discapacidad?

—No, no ha sido un impedimento para desempeñar mi labor. En algunas ocasiones puntuales he tenido que improvisar algunas cosas.

—¿Ha cometido algún error?

—Una vez rechacé una querella del Estado de plano y fueron a la Corte y la revirtieron. La sentencia de vuelta venía con un mensaje de que había algo ininteligible, me fijé y eran palabras mal escritas. Esto puede ser por el programa que pasan algunas frases desapercibidas y puedo no darme cuenta.

—¿Pide ayuda para que le revisen sentencias?

—Sí, lo hago. Para redactar sentencias no tengo problema, me sé el teclado de memoria.

—¿Cómo vislumbra su futuro en el Poder Judicial?

—Me gustaría ser juez titular, no sé en cuál de las especialidades porque todas tienen su gracia. Me gusta el Tribunal Oral en lo Penal porque se trabaja en grupo, no es un trabajo solitario, hay más tiempo de deliberación para redactar sentencia. Me gusta también lo laboral porque hay 10 días para dictar sentencia. Familia también me gusta, es muy interesante el trabajo con los niños en la entrevista. Es más fuerte emocionalmente los tribunales de familia que los de garantía, hay historias de mujeres golpeadas y abusadas toda su vida, niños que han sido maltratados.

Fuente: El Mercurio

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