Mujeres cuidadoras: “Nos preocupa que en el dilema de la última cama los familiares con discapacidad no sean prioridad”

A través de la organización Yo te cuido, mujeres que tienen a su cuidado personas con discapacidad han levantado la voz por ellas y sus familiares para exigir que se reconozca a nivel social y estatal su rol. Pero durante la pandemia les preocupa que en los protocolos para enfrentar la crisis no las contemplen. Mariela Serey (39), fundadora de la asociación, cuenta por qué es importante generar un sistema integral que proteja y apoye a las cuidadoras y sus familias.

Mariela Serey Jiménez –profesora de básica en Villa Alemana– fue la cuidadora de su hija Amelia desde el día en que nació con una severa parálisis hasta el día en que falleció, a los cuatro años. Ha pasado un año y medio desde ese día, pero Mariela habla de ella como si aún estuviera. “Es mi maestra y ha sido lo más importante que me pasó en la vida. Me enseñó lo que es amar, lo que es salir adelante”, asegura.

La condición de Amelia era crónica y Mariela tenía que pedir constantemente licencias para poder quedarse con ella en casa, hasta que la situación se volvió insostenible y la despidieron. Junto a su marido y su hija se mudaron a la casa de sus suegros para poder solventar la difícil situación económica debido a la hospitalización y los remedios. “No entendía cómo no había cuidados para mi hija ni para mí, su cuidadora. En el municipio de Villa Alemana, al ser mujer profesional y no tener ficha social, no aplicaba para ninguna ayuda social”, cuenta. Esta inquietud fue el motor para comenzar a contactar a otras cuidadoras en 2018, reunirse con parlamentarios y crear Yo cuido, una asociación que reúne a más de 500 familias en Chile que buscan cambiar la ley de discapacidad y visibilizar el rol de las cuidadoras.

¿Por qué hablan de mujeres cuidadoras?

En la asociación apenas hay seis hombres cuidadores y en la primera encuesta nacional que hicimos los resultados arrojaron que el 97% de las personas en esta situación son mujeres. Este es un trabajo muy feminizado. Es una realidad triste, porque desde el primer momento hemos estado hablando de corresponsabilidad tanto a nivel familiar como del Estado, porque hasta el momento los cuidados recaen en la mujer de cada familia. Muchas han dejado sus vidas de lado por cuidar, están totalmente precarizadas, con problemas económicos.

Además, hay múltiples problemas de salud mental asociados, pero ellas no son parte de la población vulnerable y no tienen ficha social por estar casadas o ser profesionales. Nosotras siempre hemos vivido aisladas y en cuarentena cuidando a otro y eso provoca empobrecimiento en todos los sentidos: quiebres familiares, separaciones, dejar de tener contacto social, estar muy solas y sin reconocimiento por lo que hacemos. No tenemos apoyo sicológico ni capacitación sobre cuidados. Muchas tuvimos que aprender solas cómo hospitalizar en casa y que de ti dependa toda la vida de ese otro que amas es una carga muy fuerte. En Chile realmente este asunto es “sálvate sola y sin apoyo”.

Fuente: La Tercera

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