¿Cómo se adapta la educación especial a una pandemia?

Ilustración: César Mejías

Resolver cómo cumplir los objetivos pedagógicos y acompañar a los estudiantes a la distancia, es un nuevo desafío para la educación. Desafío que en el caso de las llamadas Escuelas Especiales, puede ser aún mayor. Estas son algunas de las herramientas que utilizan los estudiantes con Necesidades Educativas Especiales, para seguir desarrollando el conocimiento y las habilidades sociales, aún en tiempos de distanciamiento social.

¿Qué pasa hoy con las Escuelas Especiales? El Mineduc no las menciona y tampoco he escuchado a las Agrupaciones de Padres de niños con capacidades diferentes, que tienen a sus hijos en estos Colegios ¿Son acaso los parientes pobres de la educación chilena?

Enrique Pérez

La Educación Especial es un sistema educativo que trabaja con alumnos con distintas Necesidades Educativas Especiales (NEE). El Ministerio de Educación define a los alumnos con NEE como “aquellos/as estudiantes que presentan dificultades mayores que el resto de los alumnos para acceder a los aprendizajes que les corresponde por edad, o que presentan desfases con relación al currículo por diversas causas y que pueden requerir apoyos para progresar en su aprendizaje”.

En Chile hay más de 2.000 establecimientos que imparten algún tipo de educación especial (sin considerar a los colegios tradicionales que tienen proyectos de integración). Los apoyos que ofrecen varían según la necesidad del estudiante o del grupo de estudiantes. Existen establecimientos enfocados en discapacidades intelectuales, trastornos del espectro autista, dificultades del aprendizaje y otros. Y la misma diversidad de enfoques psicopedagógicos se encuentra en la manera en que han enfrentado la educación remota. Cada establecimiento ha tomado sus propias decisiones, adaptándose a su comunidad, sus herramientas y sobre todo la situación de sus estudiantes.

El Colegio municipal y diferencial Madre Tierra, de la comuna de Lo Barnechea, recibe poco más de 120 estudiantes con discapacidad intelectual, en cualquiera de sus grados. La directora, Dayany San Martín, dice que la herramienta principal actualmente es Google Classroom. Ahí los profesores planifican las actividades para los estudiantes y los padres ingresan a la plataforma con su usuario para descargar el material o que los niños respondan las actividades en línea. Desde mayo han implementado las videollamadas, donde las profesoras hacen contacto visual con los estudiantes o se juntan con los padres para hacer reuniones rutinarias. “Mucha veces los niños no responden. Por ejemplo, en los cursos menores con espectro autista, habla solo la profesora, pero ellos se miran y entienden”, dice San Martín.

Fuera de la materia del currículo, en el colegio el fin primordial es desarrollar las habilidades sociales, lo que significa un desafío al verse limitada la interacción con los estudiantes, “para nosotros lo primero es ver cómo está la familia, cómo está la salud de nuestro estudiante y después continuamos con lo pedagógico, pero siempre en primer lugar el estado emocional y la salud de los alumnos”, explica la directora y cuenta que por eso han activado las redes sociales, donde los padres envían material de sus hijos que los profesores reúnen y publican con sentido de comunidad.

Cuando es necesario, las videollamadas se hacen de manera unipersonal, “el equipo (kinesiólogo, terapeuta y fonoaudióloga) se pone de acuerdo con los papás y hacen una videollamada, los especialistas más el hijo y la mamá, y hacen una actividad en vivo”, dice San Martín.

Lo mismo se está haciendo en la Escuela para sordos Dr. Jorge Otte Gabler, en la comuna de Maipú. Principalmente en párvulos, cuenta el jefe de la Unidad Técnico Pedagógica, Jesús Gahona, donde los profesores coordinan videollamadas con los padres para continuar con el aprendizaje uno a uno. “Los más pequeñitos están desarrollando, adquiriendo la lengua de señas y los papás están en proceso de entender. Ambos están aprendiendo a comunicarse en esta otra lengua, entonces el foco va por ahí”, dice el docente. Según Gahona, ese es el mayor desafío para la escuela, ya que en la etapa de adquirir esta lengua los niños comienzan a comprender el mundo a través del lenguaje.

En los cursos mayores se utilizan guías, tutoriales y clases a distancias por plataformas como Zoom y Google Classroom. También crearon una videoteca donde queda el respaldo de lo realizado, ya sea tutoriales o clases, en lenguaje de señas. Así se puede captar, reforzar y entender la materia de clases. Más que la dificultad de hacer clases a distancia, la preocupación del equipo ha sido mantener a los estudiantes “conectados y comunicados en su lengua”, que para los sordos es de primera necesidad, dice Gahona.

Un ejemplo de esto es que las primeras sesiones fueron principalmente para informar, contener y aclarar la situación que estaba ocurriendo. “Muchas veces en lo informativo te das cuenta que no está la lengua de señas presente. Entonces, nuestros estudiantes necesitaban aclarar muchas dudas de qué estaba pasando, por qué estamos encerrados y no siempre en la televisión hay un intérprete”, cuenta el profesor, que piensa que si bien su rol hoy es más difícil, también es más importante. “Hay una necesidad comunicativa muy grande porque muchas veces en las familias no todos manejan la lengua de señas. La comunicación con el mundo exterior pasa por el colegio porque es en un lenguaje distinto”, reflexiona.

Fuente: La Tercera

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