OPINIÓN: Los enfermos en hemodiálisis crónica y la infección por Covid-19

Dr. Eduardo Barra Jofré
Nefrología UdeC – HGGB

A pesar de lo señalado, no han existido medidas de la autoridad sanitaria que favorezcan a este grupo de pacientes, que permitan por ejemplo su acceso preferente a hoteles sanitarios para cuarentenas, traslados con mejores medidas de distanciamiento social disponiendo más furgones para llevar menos pacientes, pesquisa dirigida de la infección en las unidades de hemodiálisis, tanto de pacientes como de personal sanitario. Todavía estamos en deuda.

La estadística oficial de la Sociedad Chilena de Nefrología da cuenta de la existencia de 23.459 pacientes en hemodiálisis crónica en Chile al 31 de agosto, 2019 (45% mujeres y 55% hombres). Corresponde a 1268 pacientes por millón de habitantes. En nuestra región, eran 2233 pacientes (9,5% del total). Casi el 90% se hemodializa en centros ambulatorios, no en hospitales.

En nuestra realidad nacional, casi el 40% de estos pacientes ha llegado a la etapa de Enfermedad Renal Crónica Avanzada y necesidad de diálisis, como consecuencia de una Diabetes Mellitus de varios años de evolución, muchas veces no tratada o francamente mal tratada. Otras causas que provocan el desarrollo de la Enfermedad Renal Crónica Avanzada son la Hipertensión Arterial no controlada (28% de las personas en Chile), Inflamaciones renales crónicas conocidas como Glomerulopatías, Enfermedad Renal Poliquística, Enfermedades Inflamatorias crónicas que afectan todo el organismo, como Lupus Eritematoso Sistémico, Vasculitis y otra serie de causas menos frecuentes.

En la mayoría de los pacientes enfermos renales se desarrolla, además, una Hipertensión Arterial habitualmente moderada a severa, que, en el curso de la vida de la persona, favorece la aparición de variadas enfermedades cardiovasculares, destacando la Enfermedad de Arterias Coronarias, la Insuficiencia Cardíaca y Arritmias de diverso grado.

Toda esta sumatoria de eventos y enfermedades a lo largo de su vida llevan en muchos de nuestros pacientes a la “muerte renal” y necesidad de diálisis para sobrevivir con una calidad de vida, al menos aceptable.

Considerando los antecedentes descritos, se puede comprender la fragilidad de nuestros pacientes y el alto riesgo de complicaciones severas y de muerte si llegan a contraer la infección por Covid-19. Reportes iniciales, procedentes de China, Europa, EEUU y Santiago de Chile, señalan una mortalidad entre los contagiados por el virus entre 7% y 26%, mucho más alta que la población sin enfermedad renal, que corresponde a 1% en Chile.

Sin duda, también son un grupo de alto riesgo para contraer la infección y no solo para padecer sus más graves consecuencias, debido a que no pueden mantener un distanciamiento social permanente y efectivo porque deben acudir 3 veces a la semana a centros de hemodiálisis, habitualmente trasladados en furgones por sus dificultades de desplazamiento, permaneciendo en salas de espera y luego en salas de tratamiento por 3 a 4 horas, acompañados por otros pacientes en su condición y siendo atendidos por técnicos de enfermería, profesionales de enfermería y personal médico.

A pesar de lo señalado, no han existido medidas de la autoridad sanitaria que favorezcan a este grupo de pacientes, que permitan por ejemplo su acceso preferente a hoteles sanitarios para cuarentenas, traslados con mejores medidas de distanciamiento social disponiendo más furgones para llevar menos pacientes, pesquisa dirigida de la infección en las unidades de hemodiálisis, tanto de pacientes como de personal sanitario.

Todavía estamos en deuda.

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