Una enfermera lucha contra el virus mientras sus padres con discapacidad cuidan de su hija: “Algún día explotaré”

Susana B. es sanitaria de atención primaria y se enfrenta a diario a la Covid-19. Tuvo que dejar a su hija con sus abuelos: él con discapacidad visual del 86% y ella con discapacidad auditiva del 41% y en tratamiento oncológico.

Susana protegida frente al coronavirus / 20 minutos

En las grandes catástrofes siempre aparecen personas que, ejerciendo su profesión con la máxima dedicación y sin intención de serlo, llegan a convertirse en verdaderos héroes. 

La labor del personal sanitario en España durante la pandemia de coronavirus está resultando ejemplar. Han salvado miles de vidas y continúan haciéndolo.

Y todo ello pese a que España es el país del mundo con más porcentaje de sanitarios contagiados por la Covid-19, alrededor del 20% (más de 35.000), debido a la deficiente gestión de las Administraciones Públicas a la hora de proporcionarles equipos de protección personal (EPI) adecuados y suficientes. Con múltiples factores en contra, los médicos y enfermas han continuado realizando su labor con suma profesionalidad.

La dura historia de Susana

Pero detrás de las cifras generales existen personas con nombres y apellidos, sanitarios a los que la pandemia afecta también en muchos otros órdenes de su vida. Un claro ejemplo es la historia de Susana B., una enfermera de Madrid que trabaja en un Centro de Salud del distrito de Usera.

Está separada y tiene una hija de nueve años. El pasado 11 de marzo, con el coronavirus empezando a campar a sus anchas por la Comunidad de Madrid, el Gobierno regional decidió cerrar los colegios. En ese momento, ella no podía hacerse cargo de su hija y seguir trabajando al mismo tiempo. “Mi ex marido, que trabaja en el taxi, tampoco podía”, recalca.

Llamé al Sindicato de Enfermería, al Colegio de Enfermería y a la dirección asistencial para pedir ayuda, pero en resumen me dijeron que me apañara

“Llamé al Sindicato de Enfermería, al Colegio de Enfermería y a la dirección asistencial para pedir ayuda, pero en resumen me dijeron que me apañara, que no podían hacer nada por mí”, se lamenta Susana.

A la casa de los abuelos en San Fernando (Cádiz)

Así que no tuvo más remedio que desplazarse a San Fernando (Cádiz) para dejar a su hija con sus abuelos. “En ese momento era totalmente arriesgado porque procedíamos de Madrid, una zona caliente de contagios, y tanto mi hija como yo podíamos estar infectadas y propagarlo, pero no teníamos otra opción”, recuerda con angustia.

Sus abuelos, mis padres, querían ayudarnos, pero sus condiciones no son las mejores

“Sus abuelos, mis padres, querían ayudarnos, pero sus condiciones no son las mejores”, admite la enfermera Susana quien agrega: “Mi padre tiene una discapacidad visual del 86%, incapacidad total, y mi madre una discapacidad auditiva del 41%, es una persona inmunodeprimida y está en tratamiento oncológico“.

Atención primaria, puerta de entrada del coronavirus

Afortunadamente ni ellas ni los abuelos se han contagiado, y eso que Susana trabaja en el Centro de Salud de Usera (Madrid). “En atención primaria somos la primera puerta de entrada del coronavirus”, advierte. 

Una de sus labores principales durante la pandemia consiste en atender a pacientes en sus domicilios, pinchar a infectados, hacerles electros… “En mi centro ha habido varios médicos contagiados por la Covid-19”, asegura.

Tengo altibajos, tiro para adelante pero en algún momento explotaré

Pese a que su hija se encuentra muy bien con sus abuelos y todos están sanos, Susana reconoce que tiene “altibajos”. “Tiro para adelante, pero algún momento explotaré. Esta situación es para vivirla, mis padres con problemas de salud tienen que cuidar a mi hija y yo no puedo estar con ella”, se lamenta.

Muchas ganas de estar con su hija

Con todo, la vida sigue. “Ojalá pueda verla pronto, me gustaría cogerme algunos días en San Isidro (15 de mayo) para visitarlos”, indica. Mientras, cuando Susana regresa a su casa de Villaverde tras enfrentarse al coronavirus tiene que seguir haciendo las tareas domésticas y ayudar a distancia a su hija con los deberes. 

“Mis padres no se manejan bien con internet, afortunadamente allí en la casa de San Fernando tenían un ordenador y mi hija va tirando, pero con la saturación de tareas y a distancia es todo más complicado“, indica. “Pero estamos todos bien y eso es lo más importante”, subraya Susana.

Fuente: 20 minutos España

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